
DE
NUEVO ELECCIONES
¿DEBE PARTICIPARSE EN LAS
ELECCIONES?
El sistema democrático es
una gran conquista del ser humano para ordenar y regular prácticamente la convivencia.
Todo grupo, y también la sociedad, necesita gestores que la dirijan y su
elección se basa en el principio
fundamental de la igualdad de todas las personas. De ahí el derecho al sufragio
que paulatinamente ha ido reconociéndose a lo largo de la historia en nuestro
país, todavía en tiempo reciente. Y si esa ordenación de la convivencia ha de
buscar el bien común y el interés general, su realización, a través de los
partidos políticos, según sus distintas formas de entenderlo y plasmarlo, exige
la participación del ciudadano mediante su voto.
¿QUÉ ALCANCE TIENE EL VOTO?
En definitiva otorga
confiadamente un mandato a los políticos que presentan los partidos según la
ideología de éstos y sus propuestas para conseguir ese bien común. Resulta que,
a veces, unos y otros con su trayectoria ponen en duda esa confianza sobre todo
por el incumplimiento de sus promesas, por la corrupción y por una conducta
reprobable. Con ello surge su descrédito y, lo más grave, la crítica al propio
sistema democrático con un juicio
injusto: todos los políticos son iguales, lo que no es verdad. También se dice
que la democracia no sirve, lo que es asimismo injusto, pues su alternancia es
la dictadura que ofende y desconoce no sólo la igualdad de los hombres sino su
libertad, otro derecho fundamental.
¿CÓMO COMBATIR ESE
DESCRÉDITO?
Precisamente mediante el
voto, que debe ir a quien merezca esa confianza por sus antecedentes y conducta
honorable y a quien se considere que mejor resolverá los problemas de la
sociedad en cada momento. Es decir, de una parte a quienes ofrezcan los
requisitos de honradez, coherencia, responsabilidad y competencia. Y de otra a
los programas que mejor satisfagan el interés común y el legítimo interés
personal. El interés no supone sólo provecho o lucro sino la valoración que se
tiene sobre una cosa, la conveniencia o necesidad de carácter colectivo en el
orden moral o material.
¿Y CÓMO VOTAR?
Dejando aparte la abstención que implica rehuir el deber
moral de votar y el voto nulo que
debe evitarse por inútil, existe una postura según la cual previamente se ha
determinado ya el voto a favor de una opción concreta y no se variará en
ninguna circunstancia. Es legítimo, pero sobre ella es deseable otra postura:
la que exige un discernimiento, un examen concreto de la situación, los
programas y los candidatos, es decir, un juicio y una distinción entre las
distintas opciones.
¿SON LÍCITAS LAS OPINIONES
SOBRE LOS PROCESOS ELECTORALES?
Por supuesto todas, ya que
el derecho de expresión no sólo está protegido por la Constitución sino que
también es otro derecho fundamental inherente al ser humano. Quienes crean que
deben exponerlas, no sólo han de poder hacerlo sino que tienen el deber de
hacerlo según los principios que presiden a todo grupo organizado y sus creencias,
siempre desde el respeto a otras opiniones.
¿SOBRE QUÉ TEMAS Y
PRINCIPIOS CABE EXAMINAR LOS PROGRAMAS?
Desde nuestra postura de
creyentes la respuesta ha de estar basada en los principios de la Doctrina Social de la Iglesia, que no sorprenden pues viene manteniéndolos de
siempre. Respecto de nuestra comunidad, pueden enumerarse los siguientes:
-
El desempleo, origen de la pobreza y
mayor desesperanza de sus habitantes. Para ello han de concretar la creación de
puestos de trabajo reales y las medidas para crear empleo.
-
La protección especial a colectivos vulnerables, entre los que destacamos a los no
nacidos, discapacitados, enfermos terminales, ancianos, inmigrantes…
-
La explicitación de políticas concretas
relacionadas con la protección de la familia, sanidad, educación, vivienda,
dependencia, empleo juvenil…
-
El rechazo de la corrupción y las
medidas que adoptan los partidos respecto de sus miembros imputados o envueltos
en ella, y cómo contemplan el restablecimiento de los daños infringidos a la
sociedad por sus actuaciones culpables.
-
La oferta de qué Andalucía queremos construir,
qué valores nos parecen importantes conservar y potenciar.
-
La solución de problemas pendientes
para la vertebración de Andalucía, el campo, las comarcas deprimidas, la
convivencia entre todos, la protección del medio ambiente…
-
La superación de los frecuentes enfrentamientos
entre comunidades, ofreciendo la imagen de una Andalucía abierta como
dice nuestro himno: “Andalucía para sí,
para España y la humanidad”.
Y todo ello mediante debates serenos y sin
crispaciones ni descalificaciones que socaven la confianza de los votantes en
las instituciones. Desde una perspectiva respetuosa con los oponentes. Contra
el vicio de la descalificación y el insulto debemos valorar un comportamiento
centrado en la defensa y la justificación de los propios programas.
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ENFERMEDADES DE NUESTRA SOCIEDAD II
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